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Categoría: libros que leo

un hombre soltero, de christopher isherwood, debols!llo.

Llegué a Christopher Isherwood a través de Truman Capote. Aparecía citado a menudo en la biografía de este que publicó Gerard Clarke y en un libro de entrevistas de Capote con Lawrence Grobel. Fue así como leí Adiós a Berlín y Down there in a visit, que creo que podría traducirse como Por ahí de visita pero que han preferido hacerlo como Andanzas - Argos-Vergara- o Desde lo más profundo - debols!llo.
He vuelto a Isherwood por la correspondencia de Capote que editó Lumen, con el título Un placer fugaz, en ella no dudaba en alabar Un hombre soltero.
En los dos libros que he leído de Isherwood, este utilizaba a Christopher, el narrador-personaje, que suponía un sutil y en ocasiones irónico juego de máscaras y espejos entre autor y su personaje. El juego era todavía mayor en Down there... al emplear fragmentos de su - supuesto- propio diario. Isherwood jugaba con la objetividad, con lo visto. De ahí su frase más famosa: "soy una cámara". Bien es sabido que tampoco la cámara es inocente, que escoge sus ángulos y sus encadenamientos de planos. La aparente facilidad de Isherwood - más en el estilo- se contrapone o contradice en la construcción, de la que no es ajena su trabajo durante años como guionista en Hollywood.
Un hombre soltero es una novelita de apenas 150 páginas en la que Isherwood despliega toda su maestría como narrador y sus agudas dotes de observador - o de cámara. George es un inglés expatriado en California, que trabaja como profesor de literatura inglesa en un college de Los Ángeles y que ha perdido recientemente a su novio Jim en un accidente de tráfico. A punto de entrar en la sesentena - todo un anciano para 1964-, lo acompañamos en un día en su vida - como la canción de los Beatles- en el que asistimos a su impecable fachada exterior y su sorda furia interior mientras observa a sus vecinos de clase media americana, dicta sus clases sobre Huxley, conduce por el dédalo de autopistas, visita a la antigua amante de su novio que agoniza en un hospital, va al gimnasio, cena con su única amiga o se baña desnudo en el océano con uno de sus alumnos.
La agudeza de las observaciones, el humor y también la empatía son la más agradable de las compañías. Por si no os queda claro si leer esta novela o no, copio la carta que le escribió Capote, que aparece en el citado libro. La traducción es de Jaume Bonfill.

A CHRISTOPHER ISHERWOOD.
18 de junio de 1964
Apartado 501
Bridgehampton N.Y.
Querido Christopher,
Ayer leí Un hombre soltero de un tirón. Hoy, incapaz de sacármelo de la cabeza, he vuelto a leer largos fragmentos. Esta es la más bonita y poderosa de tus obras: un tour de force estilístico hecho con la mayor gracia y distinción. Pero... ¡oh! es más que eso. En varios momentos, la exactitud y honestidad de tu ingenio le hacen a uno reír y estremecerse a la vez. La temática es espeluznante y muy divertida al mismo tiempo y siempre, siempre, profundamente conmovedora. Lo que más resalta a lo largo del libro es la verdadera nobleza de tu espíritu y tu arte. Estoy muy orgulloso de ti, y también te envidio.

Ahí es nada ¿ no?. Muy recomendable.

Este es Herr Isyvoo.

16, ene | 10 comentarios Posteado por: drj En: libros que leo compártelo Tags: isherwood

el velo pintado, de w. somerset maugham, ediciones B

Ante todo, deseo ser justo con Maugham. No en vano es un colega. No puedo juzgarlo como escritor a partir de dos libros, sobre todo cuando escribió docenas. En eso los muertos le llevan ventaja a los vivos; como dijo el Dr. Johnson, que también empieza por j, en el Prólogo a Shakespeare, a los vivos se les juzga por lo peor que han hecho, y a los muertos por lo mejor. Lo que pasa es que los dos libros que he leído de Maugham, este y una colección de relatos que aquí titularon Cuentos de los Mares del Sur, han resultado poco satisfactorios al compararlos con Pasaje a la India y El corazón de las tinieblas, respectivamente. Creo que siempre se ha de comparar con lo mejor que uno conozca y tenga disponible y que se relacione con lo que lee, sobre todo si lo que lee merece el esfuerzo. Tal vez me equivoco, pero es cosa mía. Cada uno que lea lo que quiera.

La historia se le ocurrió a Maugham durante unas vacaciones en Florencia, en las que dedicaba las mañanas a ¡ Traducir a Ibsen para dominar la mecánica del diálogo! Madre mía ¿ estaba muerto o qué?. La sacó de un verso del Purgatorio, de Dante, en el que un marido que sabe que su mujer ha sido adúltera, la envía a Pisa, donde hay una epidemia de peste - estos italianos tienen un peligro asombroso, y si son florentinos, peor. Como Maugham reconoce, la situación la tuvo antes que los personajes, y esa es la principal debilidad del libro: los personajes no me convencen; parece que Maugham los ha metido ahí con calzador. Porque por muy pérfido que pueda ser un inglés - pregunten, pregunten por la commonwealth- dudo que llegue a la altura de un florentino renacentista. Más si el inglés es un abnegado y joven médico, cuya esposa le es infiel con un patán que es subsecretario colonial y, a pesar de ser una caricatura o tal vez por eso, el personaje más vivo del cuadro.

Kitti Garstin, que así se llama la adúltera, es un personaje que chirria. Creo que porque Maugham no la entendió al principio pero tampoco supo entenderla al final. Ejemplo: Henry James y Catherine Sloper. James quiso hacer una comedia pero se encontró con la gran dignidad estética de Catherine, muy superior a la del imbécil de su padre, que la desprecia aunque diga quererla. Resultado: No hay comedia. No podemos reirnos de Catherine - Dios nos libre- pero tampoco podemos reirnos con Catherine, cosa que sucedería si fuera hija de Jane Austen. Y con la tía Jane voy. Maugham tiene la necesidad imperiosa de explicarnos por qué Kitti - ¿ no es un nombre precioso?- se casa con el doctor Fane. Se trata de un matrimonio precipitado, para que su hermana menor no se case antes que ella. Una buena heroína austeniana tendría el suficiente respeto por sí mísma como para no caer en semejante vulgaridad. Y si Kitti se nos muestra en ocasiones con el mismo ingenio de la Bennet et al ¿ Por qué cae en semejante vulgaridad? ¿ Por qué si estaba tan decidida a casarse con cualquiera no se casó antes? Y ¿ a qué viene el adulterio después? El problema es que Maugham trata de explicarnos el profundo cambio que Kitti sufre en China, cuando acompaña a su marido a luchar contra una epidemia de cólera - lo acompaña porque el modosito del dr. Fane la amenaza con el divorcio y el oprobio si no lo hace- conoce a unas abnegadas monjas francesas y charla sobre el tao y el budismo con un funcionario de aduanas, bebedor y excéntrico - el representante de Maugham en la tierra- que se llama Waddington. De ser una criatura frívola y consentida - nunca nos da la sensación de serlo- pasa a ser una mujer con deseos de tener una vida útil, hermosa, tal vez en el sentido que Wilde le dió a la vida de Cristo, que es el mismo que le da Waddington. Pero tampoco nos da nunca la sensación de haberlo logrado.

Y entonces empieza la pregunta ¿ por qué? Sobre el papel pinta bien. Pienso en E. M. Forster escribiendo esto y me digo mmmm... sí. ¿ Por qué no Maugham? ¿ Y por qué he acabado como irritado con él? Juro que incluso he ido a Enemigos de la promesa, de Connolly, en el que repasaba a sus contemporaneos - es de 1935- para intentar hallar la respuesta. Recordaba que Connolly lo citaba. No sólo lo cita; lo cita mucho, y con respeto. Entonces ¿ qué coño me pasa? Creo que al final encontré la clave en este párrafo

Maugham plantea otra cuestión: " Nunca he tenido mucha paciencia con los escritores que exigen al lector un esfuerzo para comprender lo que quieren decir". Ésta es una rendición abyecta, pues forma parte de la tragedia de la literatura moderna, en la que el autor, ansioso por evitar que el lector se sienta engañado teme exigirle cualquier esfuerzo (...) La única manera de escribir es considerar al lector a la misma altura que el autor. Tratarlo de otra manera es otorgar un valor a la incultura, y así cuanto se deriva de la condescendencia de Maugham con un lector del que no espera ningún esfuerzo es una hostilidad latente contra él, como un gran chef que sirve a un hambriento aborigen australiano.

de Enemigos de la promesa, en la Obra selecta de Cyril Connolly, editada por Lumen, en 2005, pag 140. La traducción es de Jordi Fibla.

Cuando leí este párrafo, suspiré aliviado y dije " Gracias, tío Cyril". Y me fui a dormir.

Este es Maugham. Os aseguro que le veo más guapo así que de joven.

15, ene | 4 comentarios Posteado por: drj En: libros que leo compártelo