el gabinete del dr-j http://dr-j.lacoctelera.net es-es Cultura vida milagros http://s3.amazonaws.com/lcp/dr-j/f/844269731e96cd25e4dbbef81436d87c.jpg el gabinete del dr-j http://dr-j.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com será mejor que te vayas, falstaff. http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/10/23/sera-mejor-te-vayas-falstaff 2009-10-23T11:48:28+00:00 Escribía Guillermo Cabrera Infante en Cine o sardina, o tal vez en Arcadia todas las noches, o tal vez, después de todo, no lo escribiera Cabrera Infante, que Sopa de ganso, la célebre película de los hermanos Marx, sólo tuvo un espectador en Italia; alguien influyente, ya que prohibió que cualquier otro italiano la viese. Un tal Benito Mussolini.

En La broma, de Milan Kundera, un joven comunista checoslovaco pretende tomarle el pelo a una chica tonta con una nota sarcástica sobre Lenin y Stalin, pero su sentido del humor no es entendido por sus compañeros de universidad y de partido y acaba condenado a trabajos forzados en una ciudad minera.

De ambos ejemplos puede extraerse que humor y poder no suelen llevarse bien y cuanto más alto el poder, peor. Tal vez porque el humor, que no la bufonada, nos hace reír al descubrirnos que las cosas y órdenes establecidos no son en verdad lo que nos dicen que son o debieran ser. Curzio Malaparte dio una definición brillante de lo que es un estado totalitario: aquel donde todo lo que no está prohibido es obligatorio. ¿Cómo va a tolerar entonces algo que pone en duda las prohibiciones y las obligaciones?

He diferenciado a propósito el humor de las bufonadas porque los bufones, al estar a sueldo de los reyes, no acostumbran a poner en juego su pan y su jergón. De ahí que nuestros políticos hayan tomado la grotesca costumbre de reírse a carcajadas de las burdas imitaciones que los bufones modernos les hacen por la tele, ya que burlarse de un acento, un rasgo físico o un gesto es tolerable, pues distrae del verdadero blanco sobre el que dispararía el humor.

Pero tal vez, la relación que mejor ilustra cómo se llevan el humor y el poder es la de sir John Falstaff y el príncipe Hal, como nos muestra Shakespeare en Enrique IV, 1ª y 2ª parte -para quien no las haya leído o no desee esperar a que representen las obras en su ciudad siempre le queda la posibilidad de ver Campanadas a medianoche, de Orson Welles-. Es Harold Bloom el que insinúa que Falstaff es un maestro de humoristas, que en variada tipología y número lo acompañan por las tabernas y casas de putas de su época y que su alumno más brillante es el príncipe Hal, que ha decidido que Falstaff debe morir para que no oculte su propio brillo para cuando sea rey en Enrique V. Pero yo creo que en realidad Hal no desea aprender el arte del humor de Falstaff: el rey en el que se convertirá será pragmático, enérgico y preciso, capaz de invadir Francia si es necesario pero carecerá por completo de sentido del humor; Enrique V se toma muy en serio. Creo que lo que Hal hace al seguir a Falstaff es lo mismo que hacían los reyes con los venenos más comunes: tomar pequeñas dosis de manera repetida para volverse inmunes a sus efectos. Así, Hal prueba la desvergüenza, la burla del honor y el deber y el agudo sentido de lo ridículo que son los asuntos del mundo que con tanta elocuencia muestra Falstaff, sin que el príncipe, que lo intenta desde la primera escena, pueda vencer a esa elocuencia, en parte porque en ella reside la alegría de la vida, que Hal no parece tener: siempre lo encontramos más viejo

que Falstaff, aunque sus cuerpos nos digan lo contrario. Así, Falstaff no duda en calificar a Hal de loco, por su ambición de reinar y, por si no fuera suficiente, le lanza dardos tan demoledores como la frase que le dice cuando Hal pone peros al robo en Gad's Hill: nunca podrás ser digno de ser rey si no te atreves a participar en un robo.

¿Cómo no iba a apartar de sí Hal a Falstaff una vez coronado? ¿Alguien cree posible que pudiera pronunciar su emocionante discurso anterior a la batalla de Azincourt con Falstaff entre los presentes? Me parece improbable que el discurso despertara en Falstaff la emoción que despierta en Westmoreland; más bien todo lo contrario y Enrique V no estaba dispuesto a que alguien pusiera en duda que el mundo fuera tal y como él decía que debía ser. Por eso decidió desterrar a Falstaff con duras palabras: No te conozco, viejo. Más te vale que te pongas a rezar. O lo que es lo mismo: será mejor que te vayas, Falstaff.

 

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madame de la luna http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/07/20/madame-la-luna 2009-07-20T18:11:33+00:00 Hoy se cumplen cuarenta años desde que tres hombres vestidos de blanco, arriesgando su vida no se sabe muy bién para qué, hoyaron el inmaculado vestido de la diosa blanca, que nos observa desde su cara inmutable desde hace millones de años. Confieso que la odisea del Apolo XI me parece fascinante a pesar de todos los peros que puedan ponérsele. Creo que es porque impreso en nuestros genes, en la memoria de la especie, está el ansia de aventura, de exploración; siempre digo que mi historia clásica favorita es el viaje de los argonautas.

Me ha impactado descubrir hace poco que el ordenador de a bordo del Apolo XI tenía sólo 72 K, mucho menos que uno de nuestros teléfonos móviles y siempre me ha intrigado cómo se lo hicieron para regresar, aunque estoy convencido de que ellos estaban seguros de que volverían. Leí Elegidos para la gloria ( lo que hay que tener) de Tom Wolfe y los astronautas me parecieron sencillamente fascinantes y pensé en la película que podría haber hecho Howard Hawks con ellos. Creo que lo más parecido a aquellos astronautas y cada vez menos son los pilotos de fórmula uno: también ellos son la punta del iceberg de centenares de ingenieros, diseñadores y complicados cálculos matemáticos para ser los más rápidos; pero son el elemento más reconocible porque adoramos a los pilotos, al hombre o la mujer que se sienta en la cabina de mando y expone su vida para que se cumplan los sueños de todos.

Esta nota apresurada sólo quiere ser un homenaje, modesto, a esos hombres y mujeres elegidos para la gloria.

 

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sin palabras http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/07/15/sin-palabras 2009-07-15T17:23:20+00:00 Y llega el momento en el que no me apetece publicar ni escribir: tan sólo escribir para mí, volver a mi diario, a sus mil páginas de naderías y de hechos que no llevan a ninguna parte ni atraen conclusiones. Tanta tinta gastada y tanto papel desperdiciado. Tal vez mañana.

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los poetas. http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/06/25/los-poetas 2009-06-25T23:52:25+00:00 No me vengais ahora

con que el poeta es el guardián

del fuego sagrado, el custodio del canto

increado o cualquiera otra de esas

gilipolleces.

Muchos fueron chupapollas, lacayos

de sus amos, aduladores, funcionarios

sacerdotes descreídos de cualquier Dios

que les asegurase su precioso cobijo

y su sustento.

Otros, menos afortunados

no pasaron de oficinistas sin sueldo

de redactores de cartas comerciales

o aburridos altos ejecutivos de Tabacos

de Filipinas.

Los mejores, por último

fueron asesinos, bandidos, malhechores

difamadores, tristes borrachos que buscaban

en el espíritu del vino la salida a

su mediocridad.

Así que dejaos de fuegos

cantos y monsergas: los poetas

niños y niñas, como las putas

no están fuera de la Sabia República

por casualidad.

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cuaderno de granada. http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/05/22/cuaderno-granada 2009-05-22T15:47:19+00:00 Gra-na-da : la lengua juega con el paladar y los dientes mientras saborea tu nombre. Granada. Fruto rojo y fresco que ofrece Perséfone en los Infiernos a aquellos héroes que la visitan y probarlo es el olvido. Pero probarte a tí no es el olvido sino llevarse tus nardos y jazmines clavados en los ojos y en el corazón. Dos versos revolotean en mi cabeza sin que encuentre el paso que me lleve a un tercero:

Tu corazón rojo lo atraviesan dos ríos

que van, como dijo el poeta, de la nieve al trigo.

Arriesgado hacer versos a la orilla del Darro cuando el Sol de los Poetas, tu hijo desaparecido, a tantos otros buenos de tus poetas debe de haber eclipsado. Granada. Garnatha de los judíos, reino de reyes enterrados bajo la nieve, o de reyes que huyen mientras les riñen sus madres; sepulcro de reyes católicos y palacio incompleto de emperadores. Otro de tus hijos ilustres que también ha muerto te cantó un día:

Ay, Granada mía, si tú quisieras

yo contigo me casaría.

No hemos visto la enorme pintada que en la Alcaicería dice DI NO AL ROMERO y caemos en la trampa de las gitanas que, a la sombra de la catedral, regalan romero y te leen la mano gratis para después exigirte el pago de 20 euros por cada mano con una vehemencia y una perfecta coordinación de movimientos que te hacen sentir como la corza herida acosada por los perros. Y cuando logras zafarte, semejantes a las brujas de Macbeth, lanzan sobre ti una lluvia de juramentos y maldiciones. No desdeño su magia. Al contrario, la respeto y la temo, pero yo también tengo la mía, empezando por un komboloi que me regaló mi hermano, con sus ojos protectores y Carmen cuenta con un amuleto nepalí que lleva en su centro bordado un espejito que refleja el mal. Por si eso no fuera suficiente conozco otros métodos, Como no podré esparcir sal por la alfombra del hotel ni estampar la palma de mi mano teñida de azul en la pared, decido llenar un vaso de agua y dejarlo en la habitación del hotel. Es bien sabido que los espíritus dañinos siempre están sedientos y al ir a beber quedan atrapados en el vaso como burbujitas y burbujones.

En el Paseo de los Tristes, a las cinco de la tarde, a los pies de la Alhambra murmura el Darro y la brisa lo imita cuando pasa entre los árboles. En la Torre de la Vela se agitan las banderas y las cabecitas de los turistas se asoman, remedo de los vigías moros que vieron avanzar al católico ejército de sus majestades del mismo nombre con las peores intenciones - o no, según se mire. Dos chicas en biquini toman el sol a la orilla del Darro, directamente sobre la hierba. Aromas de nardo, naranjo y azahar se escapan de cientos de jardines ocultos en el laberinto blanco del Albaicín, con sus cipreses que buscan el cielo. Un dúo de guitarra y cajón nos regala música y el agua salta y repica en la fuente. Y Granada es, sobre todo, rumor de agua.

Aunque su cuerpo, como el del Rey Niño Sebastián, no haya sido encontrado, él está muy presente. Da nombre al aeropuerto y su retrato pasea en el costado del bus turístico. Su cuerpo oculto me recuerda el Darro que desciende al inframundo o mundo de los muertos en la Plaza Nueva para reaparecer justo antes de verterse en el Genil, como un Adonis de agua y rumores.

Deberías agradecer a tu ciudad que no te haya convertido en una caricatura o mascota, que no des nombres a videoclubs, inmobiliarias u otros negocios dudosos; que no te hayas convertido en taza de desayuno, imán de nevera o camiseta de tirantes. Para eso ya está la Alhambra, leal y sufrida como aquellas moras que en los romances se enamoraban de caballeros cristianos que se casaban con otra. Quisimos visitar la casa donde pasabas los veranos, en la Huerta de San Vicente, pero ya no quedaban entradas. Estuvimos en el zaguán de tu casita encalada, al asalto del mostrador que defendía el soldado más pacífico del mundo, que le regaló un cartel - con tara, eso sí- de tu Barraca a una señorita rubia de acento extranjero cuando protestó por el precio del que no tenía tara. Yo compré una selección de tu correspondencia y el romancero gitano.

Me gustaría ver la cara que pondrías al oír recitar al autómata que recibe al visitante del Parque de las Ciencias:

Verde que te quiero verde

Verde viento. Verdes ramas

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

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federico http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/04/26/federico 2009-04-26T23:43:13+00:00 A veces creo que no te has muerto

que no sufrió tu carne la afrenta

del plomo ni florecieron claveles

en las estrechas honduras de tu pecho.

A veces creo oir tu risa

en la tranquila sonata del agua

y trae retales sueltos de tu charla

el soplo inconstante de la brisa.

¿ Qué hormiga reina en tu cráneo?

¿ Qué imperios se disputan los lirios

que cuelgan sus banderas de tus órbitas?

¿ Qué trozo de mundo aferran tus dedos?

Súbdito de la luna, te mataron al alba

te robaron la risa, te robaron la gracia

ocultaron tu rostro con cal y con tierra

pero tus versos siguen sosteniendo tu alma.

Ya no hay niños en la fragua

ni ancianas que esperan en la baranda

ni jinetes insomnes que no verán el alba

ni caballos grandes que espantan el agua.

Duerme el niño en lo hondo del pozo

navega la luna en lo ancho del cielo

ranas y luciérnagas devoran tus cabellos

y el musgo susurra, muy bajito

Federico.

abril de 2009.

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cuando el mundo no es suficiente. http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/03/18/cuando-mundo-es-suficiente 2009-03-18T23:12:11+00:00 En el discurso fúnebre que le dedicó Winston Churchill, en la Catedral de San Pablo, se recordaba una anécdota durante la conferencia de El Cairo: Churchill le dijo "Ahora podría obtener el puesto que quisiera en la oficina colonial o en cualquier ministerio" y T. E. Lawrence, tras una breve sonrisa le respondió " Cuando esto acabe, todo lo que verá de mí será una pequeña nube de polvo desapareciendo en el horizonte".

Todo ser humano es un misterio, tanto para sí mísmo como para los demás, y al morir, la principal fuente de los datos ocultos - deseos, sueños, proyectos- desaparece y sólo queda el esqueleto de nuestras acciones para explicarnos, y, a veces, los jirones de ropa, escritos o no, de nuestras palabras.

Nacido en Tremadoc, Gales, hijo ilegítimo, circunstancia que lo atormentaría toda la vida - mucho más que su homosexualidad, ante la que se mostraba ambivalente- T. E. Lawrence es uno de los personajes más fascinantes del siglo XX. De corta estatura y constitución frágil, temeroso del dolor físico, llevó en ocasiones al límite su capacidad de resistencia. Se doctoró cum laude en Historia por Oxford, y mostró especial interés por la historia medieval y las cruzadas. Con poco más de 20 años participó en las excavaciones de la ciudad hitita de Karkhemish, donde encontró una muñeca de marfil en la tumba de una niña. Robert Graves recordaba en su Adiós a todo eso cómo aquel juguete que había dormido el sueño de la muerte durante más de 3000 años reposaba ahora en la repisa de la chimenea de las habitaciones de Lawrence en Oxford. Adscrito a la Oficina Árabe de El Cairo con el rango de teniente al estallar la Primera Guerra Mundial, acabó siendo oficial de enlace con las tropas del príncipe Faisal. Se ha escrito mucho sobre eso e incluso David Lean hizo una película maravillosa, pero el mismo Lawrence escribió su versión en Los siete pilares de la sabiduría., que empieza diciendo "Algunos ingleses, cuyo jefe era Kitchener..." La extraordinaria historia por la que Lawrence paso de ser Lawrence a Al urenz nos habla del deseo de ser el otro, de vestir y comer como el otro o, lo que es lo mismo: dejar de ser quien se es.

Ególatra, teatrero, mitómano... muchas cosas se han dicho de Lawrence cuando lo más evidente está ante nuestras narices: en el desierto, en ese sumario escenario de vida o de muerte, lo más alejado posible de Inglaterra, Lawrence ya no era un hijo ilegítimo y se despojaba de sus máscaras para adoptar otras más queridas: la del beduíno que soporta la terrible travesía del Nefud, que come cous-cous y entrañas de cordero con las manos desnudas, quien es feliz en el campamento, por la noche, cuando al no hablar no se distingue en nada de sus compañeros. Parte del horror que se produjo a sí mísmo Lawrence viene marcado por la utilización posterior de su figura como encarnación de ese mito tan querido a los ingleses del lord blanco, el oficial británico que dirige a unos valientes pero bárbaros nativos a la victoria. También se cuestionó siempre la veracidad de sus afirmaciones sobre cómo dirigió la campaña del desierto, intentando minimizar su aportación. Es cierto que el general Allenby fue tan importante como Lawrence, pero también es cierto que Allenby respetaba su talento militar. La decisión de atacar Aquaba desde el desierto fue sin duda arriesgada y brillante. Pero lo más extraordinario fue su concepción de una guerra sin frente, donde el individuo es más importante que el número. La Enciclopedia Británica le invitaría a escribir el texto correspondiente a la entrada Guerrilla y su teoría tendría ecos tan sorprendentes como la respuesta que dio Ho Chi Min a un periodista que quiso demostrarle lo leído que era y le preguntó si su estrategia contra E.E.U.U. se basaba en el Arte de la guerra, de Sun Tzu. "No, contestó, me he basado en los libros del Coronel Lawrence". Que Lawrence sirviera de ejemplo en guerras coloniales o post-coloniales le hubiera escandalizado con toda probabilidad.

Pero la guerra terminó y Lawrence tuvo que volver a Inglaterra, inmerso en una popularidad mareante, convertido en una especie de superhéroe. Y ahí empezó la culpa y el asco, la sensación de haber engañado a todo el mundo. El acuerdo Sykes-Picot, por el que Francia y Gran Bretaña se repartían Siria y Palestina fue un duro golpe para él, y aún vendrían después Versalles y El Cairo. En protesta, devolvió sus medallas al rey y renunció a su grado como coronel. Tras un breve período, abandonó la docencia en Oxford, quiso entrar en la R.A.F. y acabó en un batallón de tanques, como un recluta, se cambió el nombre... quiso borrar de él al príncipe del desierto, al hombre vestido con túnica y kufía blanca a lomos de un camello mientras millones de soldados anónimos y con la cara oculta por las máscaras antigás morían en el Somme o Verdún.

Su problema fue ser demasiado brillante, demasiado raro, demasiado difícil de domesticar. Siempre despreció el poder, aunque sospecho que lo hizo por el pavor que le producía en lo que el poder podía convertirlo. A veces el mundo no es suficiente y uno ha de inventarse algo más sublime, más grandioso que su vida misma. Probablemente un obsesivo compulsivo, el cuerpo humano y sus funciones naturales le asqueaban de tal modo que es doloroso pensar cómo debía ser su sufrimiento. Se negaba con furia cualquier placer, excepto el de la velocidad. Le encantaba correr con su moto, ya que la velocidad Hacía que todo, que uno mismo se disolviese. A la salida de una curva se encontró con dos niños en bicicleta y le dió un golpe al manillar para esquivarlos: salió proyectado de la moto y se estrelló, sin casco. Murió cinco días después.

Winston Churchill leyó un largo discurso en su funeral multitudinario en la Catedral de San Pablo, lamentando la enorme pérdida que sufría Gran Bretaña frente a los tiempos que se avecinaban. Y recordó la imagen que mejor lo define: una minúscula nube de polvo que desparece en el horizonte.

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cadaqués. http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/03/04/cadaques 2009-03-04T16:44:34+00:00 Desdeño
la exquisita línea de tus casas
y tu estudiada pose de postal perpétua;
fue en tus calles donde sentí
un dolor preciso, sucio y punzante
como un hierro al rojo que se clavara
con suave maestría entre mis costillas
haciendo añicos el sol y el mediodía.
Te rechazo
ombligo encalado del Mediterraneo
ufana ramera que finge su inocencia
y sacudo tu polvo de mis sandalias
                                         por si acaso.

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febrero de 2009.

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la melancolía de las grúas http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/02/18/la-melancolia-las-gruas 2009-02-18T16:34:50+00:00 Así como las veis ahora, aquí y allá

solitarias, cabizbajas, tristes de tan quietas,

cuesta creer que fueran en su día orgullosas

torres de metal más preciosas que el oro.

 

Hendían entonces los cielos con furia

subiendo, trayendo, llevando y dejando

cual ferreo brazo de un titán que desconociese

la fatiga, la duda, el miedo o el arrepentimiento.

 

Cuando dejaron de darles lo que comían

- el cemento, las vigas, las maderas y el ladrillo-

enfermaron de quietud y ensimismamiento

palidecieron de orín y enmudecieron de pena.

 

Como animales sorprendidos por un cataclismo

fósiles apresurados reducidos a su esquema

también podría mostraros yo en ellas

la angustia reunida en un puñado de hierro.

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under the bridges of paris http://dr-j.lacoctelera.net/post/2009/02/11/under-the-bridges-of-paris 2009-02-11T19:26:10+00:00                                    I.

Oh, si pudieras venir
Sena abajo junto a mí
compartiríamos vino y rosas
bajo los puentes de París.
.
Nuestra buhardilla una gabarra
nuestro techo el cielo
las estrellas nuestra colcha
el amor nuestro puchero.
.
¿ Vendrás, amada mía
Sena abajo junto a mí
compartiendo luna y alondras
bajo los puentes de París?
.
Cada día un beso
cada noche un te quiero
cada caricia un puente
cada puente un me muero.
.
Oh, si pudieras venir
Sena abajo junto a mí
tú y yo cantaríamos
bajo los puentes de París.
.
                                    II.
Cobijo de los amantes
en el despertar del alba
cuando el cielo está en calma
son las patas de los puentes.
Su lomo también se usa
por hombres de bolsillos llenos
de amarguras y recuerdos
para saltar sobre las aguas
- rosas de nadie, cenizas
de una lengua que ya no canta-.
.
                                   III.
.
No hay dolor más íntimo, más cierto
que hablar la lengua del verdugo;
sus palabras de ceniza y de sangre
tomando con violencia la boca
los gestos, las páginas, la vida
del hombre triste y extranjero
Moisés no salvado de las aguas
que con un sólo gesto, o su renuncia
a hacerlo, se reune con sus padres
su lengua y su pueblo.
.
                                   IV.
Y así, mi amor
como dice la canción
¿ Vendrás junto a mí
bajo los puentes de París?.

diciembre de 2008-febrero de 2009

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