la promesa de la página en blanco.

Es conocido el supuesto temor a la página en blanco que sobrecoge a todo escritor; pero tal vez no es temor a ésa página en blanco, sino a lo que dejará escrito en ella cuando pase a la siguiente página en blanco. La página en blanco es como una cama recién hecha que la amada, o el amado, nos ofrece para el abrazo; la página escrita, es esa misma cama con las sábanas arrugadas, impregnadas con el sudor de los cuerpos . O la página en blanco es como la nieve virgen y la página escrita, como las pisadas, que la ensucian de barro. Algunos afortunados logran que esas arrugas, ese sudor y esas pisadas sean una obra de arte; los demás, sienten la pérdida de la gran promesa que la blancura de la página les hacía.

Pocas cosas son más bellas que la promesa. En los primeros instantes del enamoramiento, nos enamoramos más de lo que el otro nos promete que de lo que en realidad es. Votamos a los políticos por sus promesas y promesa es todo el futuro de nuestros hijos e incluso el nuestro, hasta que la juventud muere cuando las promesas - el gran descubrimiento, los grandes amores, todos los susurros que la vida nos ha hecho hasta entonces- se convierten en mediocres realidades. Nada hay más peligroso que ser un joven - o una joven- prometedor -dora. Cyril Conolly, que una vez fue una joven promesa de la literatura inglesa y acabó siendo uno de los más peculiares y respetados críticos ingleses de su siglo, el pasado, tituló su primer libro Enemigos de la promesa. Se trata de un verdadero catálogo de los peligros que acechan a un escritor prometedor en su tarea de que promesa y realidad acaben siendo una y la misma. Cierto es que Conolly no tenía una visión muy halagüeña de sí mismo -

Seré recordado por ir al colegio con George Orwell y a la universidad con Evelyn Waugh

, solía decir.

A mí me apasionan los cuadernos. Los de Paper blank en especial, pues tienen unos diseños preciosos. No son exactamente blancos, pues los compro de papel pautado - es una manía- pero siempre me pasa lo mismo con ellos: una excitación, un gozo, al comprarlos, pues son una nueva oportunidad, una promesa, y una náusea casi horrorizada al empezar a mancharlos. Por eso muchos están años y años en un cajón o en una estantería, incluso los que me regala mi mujer pensando en ese momento de excitación y alegría casi infantil que ha visto tantas veces, al comprármelos. Jamás le he hablado del horror que me produce mancharlos - aunque lo hago; si fuera mejor persona, tal vez no escribiría- y debe de pensar en lo inútil que es regalármelos - pero sigue haciéndolo.

Tengo una pseudoteoria sobre los escritores, o los artistas en general: a grosso modo se dividen en dos categorías: los agonistas o Jacob y los escapistas o Jonás.

Jacob fue atacado de manera incomprensible por un ángel del Señor y luchó toda una noche con él, sujetándolo por el talón y diciéndole:

No te dejaré marchar hasta que me des tu bendición

. Como Jacob, el artista agonista es aquél que se enfrenta al ángel de todos los poetas, pintores, músicos o escultores muertos antes que él y lucha toda su vida en un combate piadoso y blasfemo hasta que fuerza la bendición de sus predecesores y es admitido entre ellos. En el combate con el ángel, Jacob se dislocó la cadera, y cojeó el resto de su vida.

Jonás oyó que el Señor le decía

Levántate y ve a Nínive, esa gran ciudad, y predica contra ella

. En lugar de dirigirse a Nínive, Jonás se apresuró a ir a Tiro para tomar un barco y huir de la tarea que el Señor le había encomendado. Pero el Señor empleó unos sutiles métodos de persuasión: en primer lugar una tempestad, que dejó claro a los marineros que Jonás debía ser arrojado por la borda, y después una ballena, que se tragó a Jonás. Pasados tres días en su vientre, Jonás se avino a marchar a Nínive y predicar contra ella. Pero su prédica fue tan efectiva que los ninivitas se arrepintieron y el Señor, apiadado, decidió ahorrarles la destrucción que por boca de Jonás les había pronosticado. Así fue como Jonás se transformó en un falso profeta. Los escapistas, como Jonás, sienten dentro de ellos la voz del arte, pero su servidumbre se les hace pesada y emprenden el camino a Tiro o a cualquier sitio, con tal de no enfrentarse a Nínive y al resultado incierto de su prédica, que puede transformarlos en falsos profetas, en artistas frustados.

Debería decir que siento incluirme entre las filas de los Jonás, pero no estoy del todo seguro de sentirlo. En honor de la verdad, prefiero una mañana jugando con mi hijo a un poema, o un beso de mi mujer a un buen cuento, o la conversación con mis amigos y estar con mi familia a toda obra que pueda salir de mí. Cuando oigo la voz dentro de mí diciendo

escribe tal cosa o tal otra

hago todo lo que puedo para huir a Tiro. Será por eso que me paso tantos días en el vientre de la ballena.