De la abundancia del mar me hablan tus pechos
cuando los tomo en mis manos y sopeso
la forma del mundo, la curva del cielo
el fruto de tu deseo hinchándose entre mis dedos.

Y me susurran palabras que entiendo
aun dormido o a la puerta del sueño
y me desvelan, con doloroso ardor de lenguas
dientes, labios y boca toda enfebrecida.

De la abundancia del mar me hablan tus pechos
y del consuelo del trigo, del diezmo de la cebada
de la fresca sombra de los altos árboles
de cosas todas que puedo entender y entiendo.