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La Coctelera
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la melancolía de las grúas

Así como las veis ahora, aquí y allá

solitarias, cabizbajas, tristes de tan quietas,

cuesta creer que fueran en su día orgullosas

torres de metal más preciosas que el oro.

 

Hendían entonces los cielos con furia

subiendo, trayendo, llevando y dejando

cual ferreo brazo de un titán que desconociese

la fatiga, la duda, el miedo o el arrepentimiento.

 

Cuando dejaron de darles lo que comían

- el cemento, las vigas, las maderas y el ladrillo-

enfermaron de quietud y ensimismamiento

palidecieron de orín y enmudecieron de pena.

 

Como animales sorprendidos por un cataclismo

fósiles apresurados reducidos a su esquema

también podría mostraros yo en ellas

la angustia reunida en un puñado de hierro.

18, feb | 2 comentarios Posteado por: drj En: literatura compártelo

2 comentarios

arwen7 19 feb 2009 | 10:35 AM

Me producen inquietud estos cementerios abandonados, edificios a medio onstruir que te hablan de angustias, de problemas, d e paro, se asemejan a restos de dinosaurios , esos mastodontes que visitaba de pequeña en los museos y ante los que me quedaba parada, y con los ojos como platos por sus dimensiones,esa admiracion no es compartida por estos congeneres de hierro, estos inspiran mas bien lagrimas, y preguntas que se pierden en el aire porque de momento no tienen respuesta.

Un abrazo.

dr-j 19 feb 2009 | 07:21 PM

creo que lo has dicho muy bien: son como manadas de dinosaurios desorientados en un mundo a medio construir. Un abrazo.

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