la melancolía de las grúas
Así como las veis ahora, aquí y allá
solitarias, cabizbajas, tristes de tan quietas,
cuesta creer que fueran en su día orgullosas
torres de metal más preciosas que el oro.
Hendían entonces los cielos con furia
subiendo, trayendo, llevando y dejando
cual ferreo brazo de un titán que desconociese
la fatiga, la duda, el miedo o el arrepentimiento.
Cuando dejaron de darles lo que comían
- el cemento, las vigas, las maderas y el ladrillo-
enfermaron de quietud y ensimismamiento
palidecieron de orín y enmudecieron de pena.
Como animales sorprendidos por un cataclismo
fósiles apresurados reducidos a su esquema
también podría mostraros yo en ellas
la angustia reunida en un puñado de hierro.



18, feb | 2 comentarios drj En: literatura compártelo



2 comentarios
Me producen inquietud estos cementerios abandonados, edificios a medio onstruir que te hablan de angustias, de problemas, d e paro, se asemejan a restos de dinosaurios , esos mastodontes que visitaba de pequeña en los museos y ante los que me quedaba parada, y con los ojos como platos por sus dimensiones,esa admiracion no es compartida por estos congeneres de hierro, estos inspiran mas bien lagrimas, y preguntas que se pierden en el aire porque de momento no tienen respuesta.
Un abrazo.
creo que lo has dicho muy bien: son como manadas de dinosaurios desorientados en un mundo a medio construir. Un abrazo.
Escribe un comentario