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La Coctelera
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madame de la luna

Hoy se cumplen cuarenta años desde que tres hombres vestidos de blanco, arriesgando su vida no se sabe muy bién para qué, hoyaron el inmaculado vestido de la diosa blanca, que nos observa desde su cara inmutable desde hace millones de años. Confieso que la odisea del Apolo XI me parece fascinante a pesar de todos los peros que puedan ponérsele. Creo que es porque impreso en nuestros genes, en la memoria de la especie, está el ansia de aventura, de exploración; siempre digo que mi historia clásica favorita es el viaje de los argonautas.

Me ha impactado descubrir hace poco que el ordenador de a bordo del Apolo XI tenía sólo 72 K, mucho menos que uno de nuestros teléfonos móviles y siempre me ha intrigado cómo se lo hicieron para regresar, aunque estoy convencido de que ellos estaban seguros de que volverían. Leí Elegidos para la gloria ( lo que hay que tener) de Tom Wolfe y los astronautas me parecieron sencillamente fascinantes y pensé en la película que podría haber hecho Howard Hawks con ellos. Creo que lo más parecido a aquellos astronautas y cada vez menos son los pilotos de fórmula uno: también ellos son la punta del iceberg de centenares de ingenieros, diseñadores y complicados cálculos matemáticos para ser los más rápidos; pero son el elemento más reconocible porque adoramos a los pilotos, al hombre o la mujer que se sienta en la cabina de mando y expone su vida para que se cumplan los sueños de todos.

Esta nota apresurada sólo quiere ser un homenaje, modesto, a esos hombres y mujeres elegidos para la gloria.

 

20, jul | sin comentarios Posteado por: drj compártelo Tags: luna

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