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La Coctelera
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será mejor que te vayas, falstaff.

Escribía Guillermo Cabrera Infante en Cine o sardina, o tal vez en Arcadia todas las noches, o tal vez, después de todo, no lo escribiera Cabrera Infante, que Sopa de ganso, la célebre película de los hermanos Marx, sólo tuvo un espectador en Italia; alguien influyente, ya que prohibió que cualquier otro italiano la viese. Un tal Benito Mussolini.

En La broma, de Milan Kundera, un joven comunista checoslovaco pretende tomarle el pelo a una chica tonta con una nota sarcástica sobre Lenin y Stalin, pero su sentido del humor no es entendido por sus compañeros de universidad y de partido y acaba condenado a trabajos forzados en una ciudad minera.

De ambos ejemplos puede extraerse que humor y poder no suelen llevarse bien y cuanto más alto el poder, peor. Tal vez porque el humor, que no la bufonada, nos hace reír al descubrirnos que las cosas y órdenes establecidos no son en verdad lo que nos dicen que son o debieran ser. Curzio Malaparte dio una definición brillante de lo que es un estado totalitario: aquel donde todo lo que no está prohibido es obligatorio. ¿Cómo va a tolerar entonces algo que pone en duda las prohibiciones y las obligaciones?

He diferenciado a propósito el humor de las bufonadas porque los bufones, al estar a sueldo de los reyes, no acostumbran a poner en juego su pan y su jergón. De ahí que nuestros políticos hayan tomado la grotesca costumbre de reírse a carcajadas de las burdas imitaciones que los bufones modernos les hacen por la tele, ya que burlarse de un acento, un rasgo físico o un gesto es tolerable, pues distrae del verdadero blanco sobre el que dispararía el humor.

Pero tal vez, la relación que mejor ilustra cómo se llevan el humor y el poder es la de sir John Falstaff y el príncipe Hal, como nos muestra Shakespeare en Enrique IV, 1ª y 2ª parte -para quien no las haya leído o no desee esperar a que representen las obras en su ciudad siempre le queda la posibilidad de ver Campanadas a medianoche, de Orson Welles-. Es Harold Bloom el que insinúa que Falstaff es un maestro de humoristas, que en variada tipología y número lo acompañan por las tabernas y casas de putas de su época y que su alumno más brillante es el príncipe Hal, que ha decidido que Falstaff debe morir para que no oculte su propio brillo para cuando sea rey en Enrique V. Pero yo creo que en realidad Hal no desea aprender el arte del humor de Falstaff: el rey en el que se convertirá será pragmático, enérgico y preciso, capaz de invadir Francia si es necesario pero carecerá por completo de sentido del humor; Enrique V se toma muy en serio. Creo que lo que Hal hace al seguir a Falstaff es lo mismo que hacían los reyes con los venenos más comunes: tomar pequeñas dosis de manera repetida para volverse inmunes a sus efectos. Así, Hal prueba la desvergüenza, la burla del honor y el deber y el agudo sentido de lo ridículo que son los asuntos del mundo que con tanta elocuencia muestra Falstaff, sin que el príncipe, que lo intenta desde la primera escena, pueda vencer a esa elocuencia, en parte porque en ella reside la alegría de la vida, que Hal no parece tener: siempre lo encontramos más viejo

que Falstaff, aunque sus cuerpos nos digan lo contrario. Así, Falstaff no duda en calificar a Hal de loco, por su ambición de reinar y, por si no fuera suficiente, le lanza dardos tan demoledores como la frase que le dice cuando Hal pone peros al robo en Gad's Hill: nunca podrás ser digno de ser rey si no te atreves a participar en un robo.

¿Cómo no iba a apartar de sí Hal a Falstaff una vez coronado? ¿Alguien cree posible que pudiera pronunciar su emocionante discurso anterior a la batalla de Azincourt con Falstaff entre los presentes? Me parece improbable que el discurso despertara en Falstaff la emoción que despierta en Westmoreland; más bien todo lo contrario y Enrique V no estaba dispuesto a que alguien pusiera en duda que el mundo fuera tal y como él decía que debía ser. Por eso decidió desterrar a Falstaff con duras palabras: No te conozco, viejo. Más te vale que te pongas a rezar. O lo que es lo mismo: será mejor que te vayas, Falstaff.

 

23, oct | 1 comentario Posteado por: drj En: literatura compártelo Tags: falstaff

1 comentario

la_marinera 23 oct 2009 | 12:07 PM

Hola mon ami, jajajja todos por aquí de nuevo, me he tenido que montar otro blog por que no me acordaba del usuario ni de la contraseña, jojojoj
Besossss

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