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La Coctelera
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Categoría: vida y milagros

sin palabras

Y llega el momento en el que no me apetece publicar ni escribir: tan sólo escribir para mí, volver a mi diario, a sus mil páginas de naderías y de hechos que no llevan a ninguna parte ni atraen conclusiones. Tanta tinta gastada y tanto papel desperdiciado. Tal vez mañana.

15, jul | 2 comentarios Posteado por: drj En: a propósito de vida y milagros compártelo

el vecino de mi abuela

El otro día, sin saber muy bien por qué, pensé en Paul Bowles y caí en la cuenta de que hace muchos años que no leo nada suyo. Lo último fue Manos verdes, cabezas azules, si no me equivoco. A Bowles le tengo un cariño especial, por algo tan circunstancial como tonto: fue vecino de mi abuela - y de mi abuelo, mi padre y mis tíos- en Tánger. Lo descubrí leyendo Memorias de un nómada. Otros vecinos famosos de mis abuelos fueron Cary Grant y Barbara Hutton, cuando estaban casados y vivían allí. Cary Grant llegó a comprar algo en la farmacia del Boulevard Pasteur donde trabajaba mi abuelo. Por una información errónea - una fecha en una revista- creí que Paul Bowles había muerto en 1997, así que la noticia de su enfermedad, agonía y muerte, me lo resucitó durante algunos días de 1999. Cuando informé a mi abuela, no pudo evitar llorar; no porque conociera a Bowles, sino porque los que vivieron en aquel Tánger se sienten una especie de hermandad, una diáspora que se relaciona ahora a través de internet.

Bowles es el responsable de que el mito de Tánger tenga acento anglosajón. También lo es la pertinaz desmemoria española, que sepulta los hechos de su pasado con suma maestría. Ya comenté La vida perra de Juanita Narboni, una novela interesantísima sobre ese Tánger de gloria y fantasmas, escrita por Ángel Vázquez - el post tiene 1 comentario- y también aparece Tánger en las memorias de Haro Tecglén - que no he leído. Pero dado que Bowles y Bourroughs son más famosos y cuentan con el cine a sus espaldas, el pasado español - y aun diría más, mestizo y sefardí- de Tánger, tal vez se pierda para siempre.

Memorias de un nómada es un libro muy interesante. Nos explica cómo Bowles abandonó Estados Unidos, cómo conoció en París a Gertrude Stein, que le recomendó vivir en Tánger - esa mujer era una agencia de viajes- y dejar la literatura para centrarse en la música, cómo conoció a Auden e Isherwood en el Berlín pre-hitleriano - Sally Bowles se llama así en su honor- y cómo en sus vagabundeos conoció a Jane Auer, de casada Jane Bowles, una escritora que contaba a Teenneesse Williams y Truman Capote como fervientes admiradores. Se instalaron ambos en Tánger, de donde el nómada no saldría excepto para visitar médicos o asistir a estrenos de sus conciertos. Formaban una pareja curiosa: ambos eran homosexuales, pero estaban enamorados el uno del otro, como atestiguan las opiniones de sus ilustres amigos.

En 1947 publica El cielo protector, que de inmediato le reporta notoriedad. Ciryl Connolly es de los primeros en reseñarla y la descibe como un Hemingway para adultos. Yo la leí hará unos quince años, gracias a una querida amiga que ahora está en la otra punta de la península. Recuerdo escenas: la de inicio en la habitación, el viaje en autobús, el viaje en tren... y una que para mí sigue siendo bellísima, aun aquí, donde no puedo consultar el libro: aquella en la que Port vuelve atrás, dejando sola a su mujer, porque tiene la necesidad de contemplar un paisaje bellísimo a solas. Me parece sin embargo, que el final es flojo, aunque tal vez se deba a que no deseamos que acabe; o a que tenemos la aguda percepción de que no acabará pues es la vida misma.

Como hace tiempo que no leo nada suyo, me he encargado La casa de la araña como regalo de Reyes, aunque ya me he regalado La casa de los encuentros, de Martin Amis y Poemas, de Carlos Barral... muchos regalos ¿ no? Además, yo quería leer Déjala que caiga, que es un retrato de aquel Tánger que es el decorado de mi mitomanía.

Feliz año a todos.

. Paul Bowles

El cielo protector (fragmento)

" Creo que los dos tenemos miedo de lo mismo. Y por una misma razón. Nunca hemos conseguido, ninguno de los dos, entrar en la vida. Estamos colgando del lado de afuera, por mucho que hagamos, convencidos de que nos vamos a caer en el próximo tumbo.

(...)

Estaba en algún lugar; para regresar de la nada había atravesado vastas regiones. En el centro de su conciencia había la certidumbre de una infinita tristeza, pero esa tristeza lo reconfortaba porque era lo único que le resultaba familiar. "

El Poder de la Palabra

www.epdlp.com

15, ene | 5 comentarios Posteado por: drj En: literatura vida y milagros compártelo

me dan miedo los turistas

Ayer leí una noticia en el periódico que me dejó de una pieza: un turista finlandés le había arrancado una oreja a un mohai de la Isla de Pascua. Ignoro cuánto vodka llevaba encima, o si tenía una insolación, pero lo cierto es que el tipo se subió a un mohai y estuvo un rato forcejeando hasta que se le llevó la oreja. Una mujer alertó a la policía y, como estaban en una isla, acabaron por atrapar al finlandés, que, todo lo que pudo decir al respecto fue que " la estatua era tan majestuosa que sintió que debía llevarse algo de ella a casa" - no debía de tener cámara de fotos.

Tal vez, esta historia es hasta demasiado ridícula como para ser tenida en cuenta, pero a mí no me parece una anécdota. Basta recordar el comportamiento de la gente en los Museos Vaticanos y preguntarse qué pasaría si pudieran trepar al techo de la Capilla Sixtina. Y supongo que por todas partes es igual. Me asombra el absoluto desprecio que algunos turistas muestran por el sitio que visitan - aunque el del mohai se pasó de aprecio. Aquí en Lloret, por ejemplo, los turistas - guiris- vienen con operadores que los meten en hoteles de los que apenas salen, sólo van a restaurantes que podrían estar en su país, apenas si prueban la comida autóctona y lo que consideran más cercano al lugar que visitan son los enormes sombreros mejicanos que venden en las tiendas de souvenirs sijhs de la playa.

Me llama la atención esa manera de viajar sin salir de casa, con bares donde conectan sus televisiones, siguen sus ligas de fútbol, les sirven sus platos y sus cervezas... y estuvimos en Costa Adeje, Tenerife y era igual; no sé cuántos de ellos visitaron el resto de esa maravillosa isla, esos pueblos como Icod o Garachico - fantástico- o el Teide; cuántos probaron el gofio o los vinos de la tierra. Conforme voy escribiendo, casi prefiero al émulo de Van Gogh en oreja ajena que a estos extraños viajeros que llevan su país consigo, a un clima más soleado, eso sí.

28, mar | 4 comentarios Posteado por: drj En: literatura a propósito de vida y milagros compártelo Tags: turistas